FELDMAN. Triadic memories

FELDMAN

Triadic memories

MDG 613 1521-2

 

En el catálogo de la Universal, la editora de las obras de Morton Feldman, se especifica que la duración de la pieza para piano Triadic memories, de 1981, es de 90 minutos. Tanto Roger Woodward, destinatario de la obra, como Markus Hinterhäuser, que grabaran la pieza en los años noventa, respetaban aquella medida de tiempo, pero más recientemente Sabine Liebner, en su grabación para el sello Oehms, superaba todo lo conocido, llegando a una marca que parecía un reto para los sucesivos acercamientos a la obra, al alcanzar una duración de dos horas. La sonoridad ciclópea de su aportación se basaba en el masivo uso del pedal, con lo que conseguía un efecto global, en la escucha, de cierto tenebrismo. Tanto la lectura de Woodward como la de Hinterhäuser quedaban pulverizadas a su lado y la inmediatamente anterior a Liebner en salir al mercado, la de Marilyn Nonken, en el sello Mode, se detenía en una interpretación demasiado literal. En la búsqueda del ideal sonoro de Triadic memories, y tras el logro representado por la monumental visión de Liebner, Schleiermacher aporta, ahora en el sello MDG, una sustancial novedad, la reducción de la duración de la pieza a poco más de 80 minutos. El pianista no se deleita en el valor del pedal, quedando aquí la música más libre y suelta, más cercana, en musicalidad y color, en fluidez y poder de seducción, a For Bunita Marcus y Palais de Mari. Schleiermacher se beneficia de una toma de sonido que juega de modo decisivo a favor de la pieza. Si Nonken se veía limitada por una sonoridad del piano demasiado en primer plano y Liebner creaba un universo estático, a lo que contribuía la ocupación de todo el espacio sonoro por parte del instrumento, Schleiermacher, con el impagable trabajo de su ingeniero de sonido, consigue que el piano se encuentre, aquí, rodeado de espacio. En la ingravidez resultante está la mayor cualidad de su versión. Las lecturas de Liebner y Schleiermacher se complementan y son perfectamente válidas. La de Liebner, por su rotundo sabor al Feldman más apegado al mundo cerrado de un Beckett, Schleiermacher, por una apuesta redonda en lo musical y más accesible en el apartado no menos importante de la duración.