Valorar las consecuencias artísticas, filosóficas, sociológicas o de cualquier otra índole que se derivan de la obra artística de un creador resulta siempre una tarea compleja, cuando no imposible. Y es que el arte despliega su inmanencia a través de las infinitas miradas de cuantos se aproximan a él, provocando resonancias donde ni tan siquiera el propio creador pudo llegar a imaginar. Si además tenemos la pretensión de traducir en palabras alguna de estas experiencias, la misión se torna aún más difícil. El arte, por suerte, desborda todo intento de definición. El arte crea mundos, el lenguaje puede, a lo sumo, narrarlos.